domingo, 9 de mayo de 2010

No, no, no.

No está loco. Bueno, tampoco soy yo quién para juzgar la cordura de la gente, pero lo he conocido en situaciones más intensas que cualquiera de la gente de aquí y puedo decir que no lo está.
Es escritor, adicto a unas cuantas sustancias y duerme en un colchón sin somier porque quemó el suyo una noche de borrachera. No llega a los 30 años, pero tampoco andará lejos y vive solo con un piano, una armónica y un portátil. Sale todos los viernes a tomarse unas cervezas y buscar compañía nocturna que no tiene problemas en encontrar. De hecho fue un viernes cuando lo conocí, noche en la que acabé tocando la armónica a las tantas de la mañana en el banco de un parque.
Me contó lo que escribía. Y acabó confesando su obsesión por encontrar a una chica a la que dejó olvidada en un piso de Barcelona hacía unos años.
"Estoy loco y no he vivido tanto como para estarlo. Me refiero a tiempo, situaciones como para volverme loco y tener que internarme he vivido demasiadas. Ahora escucho música todo el rato y copio las letras intentando ir tan rápido como la canción; cuando no lo consigo me pongo nervioso y necesito fumar. No fumo casi nunca, es la música, que me quema".
El viernes siguiente volví a buscarlo junto a un par de cervezas y al no encontrarlo fui al parque.
Allí estaba su piano en el mismo banco en el que habíamos estado tocando la armónica. Al acercarme vi una nota pegada en el lateral.  Vuelvo a Barcelona, aunque no sé si vuelvo o simplemente voy. Quédate el piano, yo sólo necesito papel de fumar.
Dejé el piano, cogí la nota y volví a mi casa.
No puede estar loco alguien así.

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Y recuerda que

Y recuerda que