Esta mañana me he levantado bastante indignada por la gestión que lleva mi universidad sobre el Erasmus. Es una gestión que se basa en no hacer nada, en ignorar los correos que reciben y en tener el teléfono comunicando todo el día. Resumiendo que el tema Erasmus me tenía algo quemada hasta que he leído en el blog de Sostres un artículo que podéis disfrutar aquí y en el que resume el Erasmus en beber y follar. Entonces he pensado que si lo decía una eminencia como él, que nos ha dejado grandes frases como "Esa tensión de la carne, esas vaginas que aún no huelen a ácido úrico, que están limpias" refiriéndose a adolescentes, todo este esfuerzo y papeleo valían la pena.
El artículo recrea el Erasmus en Florencia de una muchacha de Barcelona que a priori es bastante normal, pero que termina siendo una guarra sin sentimientos cuando deja a su novio por un italiano que acaba de conocer. Merece la pena leerlo, es un festival de tópicos y generalizaciones, un gran documento que ponerle delante a cualquier chica que vuelva de su Erasmus y obligarle a que lo lea en la plaza del pueblo, rodeada de cientos de personas mientras Sostres le grita "dime que no es verdad, furcia maldita". La chica se echaría a llorar y uno a uno todos los asistentes pasarían por delante de ella escupiéndole. Desde luego no habría nadie allí para defenderla porque el italiano macarra la dejó, su novio humillado se suicidó y sus padres se dieron cuenta de que habían gastado todo el dinero en pagarle la bacanal a la niña. Hay que ser guarra para irse a Italia.
Yo tras leer el artículo estoy bastante preocupada, porque no sólo es que me vaya de Erasmus a Italia, paraíso del alcohol y el sexo sin control, sino que me voy a Sicilia donde todo es costa, playas, gente con poca ropa, mucho más sexo y mucha más fiesta. Lo que me convierte ahora mismo en el ser más despreciable que puedas encontrarte en territorio español. Vamos, mucha presión. Aunque en realidad no hay nada que pueda argumentar a mi favor, está claro que no es casualidad que haya escogido este destino, es algo totalmente premeditado porque no soy otra cosa que una chica de 21 años sin ningún tipo de decencia.
En cuanto a mi novio de toda la vida no sé qué hacer, porque no tengo, pero a veces me despierto de golpe soñando que sí y que viene de Erasmus conmigo. Espantoso.
Respecto a mis padres cito a Sostres, que es como citar bellas palabras de Paulo Coelho un atardecer en un acantilado:
Pobre viejo, si viera para qué ha servido su dinero. ¿No te da vergüenza, desalmada?
Ni la más mínima, porque habiendo elegido Italia ya puede verse que no tengo vergüenza ni ética ni moral. Ya ves tú, Italia, como si el italiano sirviera de algo, como si el país fuera una potencia, que no estamos hablando de Suecia o Alemania, no, no, ITALIA. Y encima mis padres me lo van a pagar. De traca. Ya ve, señor Sostres, que la juventud de hoy en día no tiene vergüenza y si es juventud femenina menos todavía. Casi como usted.
Tengo billete para mediados de septiembre y a partir de ahí empezará mi carrusel de timar a mis padres, engañar a mi novio y no ir a clase. Además volveré sin saber italiano y habiendo aprobado una o dos. Iré relatando algo por aquí, por si le interesa el Erasmus de una cualquiera. Lo único que puedo asegurarle es una cosa y es que si yo tuviera algunas de sus hazañas en mi historial, no me atrevería a publicar nada en un periódico dando lecciones de moral a nadie, que para eso sí que hace falta ser muy guarro.
PD: Esto no ha pretendido ser una carta abierta a Sostres, porque yo a ese señor lo único que le abriría sería la puerta para que abandonara el país.
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